¿Vas a viajar por carretera? Revisar las llantas antes de salir puede evitarte un accidente

Cuando pensamos en preparar un viaje largo por carretera, normalmente prestamos atención al combustible, el equipaje, la ruta, el aire acondicionado o incluso la música que llevaremos durante el trayecto. Sin embargo, existe un elemento mucho más importante que muchas veces dejamos para el final: las llantas.

Son el único punto de contacto entre el vehículo y el pavimento. Toda la aceleración, frenado y capacidad de girar depende de cuatro superficies relativamente pequeñas de caucho. Por eso, salir a carretera con una llanta baja de presión, desgastada, agrietada o dañada puede transformar un viaje tranquilo en una avería e incluso en un accidente grave.

La National Highway Traffic Safety Administration, NHTSA, señala que 511 personas murieron en Estados Unidos durante 2024 en accidentes relacionados con las llantas. La agencia también advierte que un mantenimiento deficiente puede provocar pinchazos, reventones o desprendimientos de la banda de rodamiento.

Revisarlas cinco minutos antes puede ahorrar horas de problemas

Una inspección visual antes de emprender un viaje largo puede revelar problemas que no necesariamente se sienten durante los desplazamientos cotidianos. Una pequeña grieta en el lateral, un clavo incrustado, una deformación o un desgaste irregular pueden pasar desapercibidos durante semanas hasta que sometemos la llanta a varias horas continuas de carretera, altas temperaturas y velocidades sostenidas.

NHTSA recomienda inspeccionar regularmente las llantas y hacerlo especialmente antes de realizar viajes largos, prestando atención a cortes, perforaciones, grietas, abultamientos y desgaste irregular. También aconseja comprobar la llanta de repuesto y asegurarse de que el vehículo dispone del equipo necesario para utilizarla.

Esto resulta particularmente importante porque una llanta puede verse aparentemente normal cuando el automóvil está estacionado y, sin embargo, tener poca presión o daños internos. Por eso observarlas es solamente el primer paso.

La presión correcta es fundamental

Uno de los errores más comunes es conducir con las llantas por debajo de la presión recomendada. Cuando esto ocurre, una mayor parte del neumático entra en contacto con el pavimento, aumenta la resistencia al rodamiento y se genera más calor. En un viaje largo, esa combinación puede acelerar el desgaste y aumentar la posibilidad de una falla.

La presión debe comprobarse con las llantas frías, preferiblemente después de que el vehículo haya permanecido estacionado durante al menos tres horas. NHTSA recomienda hacerlo de esta manera porque la temperatura generada durante la conducción aumenta temporalmente la presión y puede producir una lectura engañosa.

Otro detalle muy importante es dónde buscar el número correcto. La presión recomendada no es necesariamente la cifra escrita en el costado de la llanta. Ese número puede indicar la presión máxima que puede soportar el neumático. La referencia correcta para el vehículo suele encontrarse en una etiqueta situada en el marco de la puerta del conductor o en el manual del propietario.

No olvides la llanta de repuesto

Existe una situación bastante común: el conductor comprueba cuidadosamente las cuatro llantas principales, pero descubre después de un pinchazo que la de repuesto lleva años sin recibir aire.

Una llanta de repuesto puede perder presión lentamente aunque nunca se utilice. Si lleva varios años guardada debajo del vehículo o dentro del maletero, también puede presentar envejecimiento, grietas o deterioro.

Por eso la inspección antes del viaje debe incluir las cinco llantas cuando el automóvil tenga repuesto. AAA también recomienda revisar presión y condición del neumático de emergencia antes de iniciar un recorrido largo.

No sirve de mucho cargar una llanta de repuesto durante miles de kilómetros si cuando finalmente la necesitamos descubrimos que está completamente desinflada.

El dibujo de la banda de rodamiento también cuenta

La profundidad de la banda de rodamiento determina buena parte de la capacidad de la llanta para evacuar agua. Cuando los canales están demasiado gastados, aumenta el riesgo de perder adherencia sobre pavimento mojado.

En condiciones de lluvia, una llanta desgastada puede comenzar a deslizar sobre una película de agua en lugar de mantener contacto firme con la carretera. Es el fenómeno conocido como aquaplaning o hidroplaneo.

AAA recomienda revisar la banda de rodamiento antes de un viaje y observar especialmente si existen zonas con desgaste desigual. Un neumático desgastado más por un lado que por otro puede ser señal de problemas de alineación o suspensión.

No basta entonces con mirar solamente el centro. Conviene observar toda la superficie de la llanta y comprobar si el desgaste es uniforme.

Un bulto en el lateral nunca debe ignorarse

Si durante la inspección encontramos una protuberancia o bulto en el costado de la llanta, lo más prudente es no comenzar el viaje sin revisarla profesionalmente.

Ese tipo de deformación puede indicar daño interno en la estructura del neumático. Aunque mantenga aire y aparentemente funcione con normalidad durante recorridos cortos, el calor y las velocidades sostenidas de carretera pueden aumentar el riesgo de una falla.

Lo mismo ocurre con cortes profundos, grietas considerables o zonas donde comienza a verse material interno. Son señales que merecen atención antes de recorrer cientos de kilómetros.

Un viaje nunca debería utilizarse como prueba para descubrir si una llanta dañada todavía aguanta.

El calor aumenta la exigencia

Los viajes largos suelen exigir mucho más a las llantas que los trayectos habituales de ciudad. El automóvil puede permanecer durante horas a velocidades relativamente elevadas y, dependiendo de la época del año, el pavimento puede alcanzar temperaturas muy altas.

A esa situación debemos sumar pasajeros, maletas y equipaje. Todo ese peso adicional termina transmitiéndose finalmente a las llantas.

Por eso resulta importante utilizar neumáticos con el tamaño y capacidad de carga adecuados para el vehículo y respetar los límites establecidos por el fabricante. NHTSA recomienda comprobar tanto el tamaño correcto de la llanta como la capacidad apropiada para el vehículo.

Una llanta que ya trabaja con poca presión puede calentarse todavía más cuando además debe soportar un automóvil completamente cargado.

El TPMS ayuda, pero no sustituye una inspección

Los vehículos modernos incorporan sistemas de monitoreo de presión conocidos como TPMS. Cuando una o varias llantas pierden una cantidad considerable de aire, aparece una advertencia en el tablero.

Es una tecnología extremadamente útil, pero no significa que podamos olvidarnos del mantenimiento.

NHTSA recuerda que el sistema normalmente alerta cuando una llanta ya presenta una presión significativamente baja. Por eso la agencia continúa recomendando comprobar manualmente la presión de forma periódica, incluso en vehículos equipados con TPMS.

Además, el sistema de presión no puede decirnos si existe una grieta, un desgaste irregular o una protuberancia en el lateral. Para descubrir esas condiciones todavía necesitamos mirar físicamente el neumático.

Una presión incorrecta también cuesta combustible

La seguridad es la principal razón para mantener correctamente las llantas, pero no es la única. Conducir con poca presión aumenta la resistencia al rodamiento, obligando al motor a utilizar más energía para mover el vehículo.

NHTSA señala que mantener las llantas correctamente infladas puede generar ahorros de combustible y además prolongar su vida útil. La agencia estima que una presión adecuada puede extender el promedio de vida de una llanta en aproximadamente 4,700 millas.

En un viaje largo, donde pueden recorrerse cientos o miles de kilómetros, esas pequeñas diferencias de eficiencia comienzan a acumularse.

Por eso revisar la presión no es solamente una medida de seguridad. También puede ayudar a reducir gastos y evitar desgaste prematuro.

Si el volante vibra, presta atención

Las llantas también pueden avisarnos de problemas mientras conducimos.

Una vibración constante en el volante puede estar relacionada con balanceo, deformación de una llanta o incluso daños provocados por un impacto con un bache. Si el vehículo tiende a desplazarse hacia uno de los lados, también puede existir un problema de alineación o presión diferente entre neumáticos.

Antes de un viaje largo, cualquier vibración inusual debería revisarse.

Conducir durante dos horas con una vibración pequeña puede ser molesto. Hacerlo durante diez horas puede convertirse en un problema mucho mayor y acelerar el desgaste de otros componentes.

Revisar la fecha de fabricación también puede ser importante

El desgaste visible no cuenta toda la historia.

Una llanta puede conservar bastante dibujo y, aun así, llevar muchos años instalada. El caucho envejece progresivamente debido al tiempo, temperatura, exposición al sol y condiciones ambientales.

NHTSA advierte precisamente que el envejecimiento no siempre puede detectarse simplemente mirando el neumático y recomienda seguir las indicaciones del fabricante del vehículo y de las llantas sobre inspección y reemplazo.

Esto es particularmente importante en vehículos que recorren pocos kilómetros al año. Una llanta puede tardar mucho tiempo en desgastar su dibujo, pero eso no significa que pueda utilizarse indefinidamente.

Viajar con el automóvil muy cargado cambia las condiciones

Maletas, neveras portátiles, bicicletas, equipaje y cinco pasajeros pueden aumentar significativamente el peso del vehículo.

Eso también modifica el trabajo que deben realizar las llantas.

Antes de cargar el automóvil para las vacaciones conviene revisar la etiqueta de información de neumáticos y carga situada normalmente en la puerta del conductor. Allí el fabricante indica datos importantes relacionados con presión y capacidad.

Sobrecargar un vehículo afecta no solamente los neumáticos, sino también frenado, estabilidad y respuesta de la suspensión.

Si añadimos poca presión y temperaturas elevadas, las condiciones pueden volverse todavía más exigentes.

¿Qué debería revisar antes de salir?

No hace falta convertirse en mecánico. Una revisión básica puede realizarse en pocos minutos. Lo fundamental es comprobar la presión de las cuatro llantas y de la de repuesto cuando exista, verificar que no haya cortes, grietas, clavos ni protuberancias, revisar que el dibujo tenga suficiente profundidad y observar si existe desgaste irregular.

También conviene asegurarse de llevar gato, llave para las ruedas y cualquier herramienta específica que requiera el vehículo. Si el automóvil utiliza un kit reparador en lugar de llanta de repuesto, debemos verificar que esté completo y dentro de su fecha de utilización.

Y si existe cualquier duda sobre una llanta antes de un recorrido largo, resulta mucho más conveniente llevarla a un taller antes de salir que intentar resolver el problema a cientos de kilómetros de casa.

La revisión más sencilla puede ser una de las más importantes

Preparar correctamente un viaje no comienza programando el GPS.

Comienza asegurándonos de que el automóvil puede completar el recorrido de forma segura.

Las llantas soportarán durante horas todo el peso del vehículo, absorberán irregularidades del pavimento, transmitirán cada frenada y serán responsables de mantener el automóvil conectado con la carretera cuando aparezcan lluvia, curvas o una maniobra de emergencia.

Por eso dedicar unos minutos a comprobar su estado antes de comenzar un viaje puede parecer algo pequeño, pero puede evitar gastos, averías y situaciones mucho más graves.

Antes de cerrar el maletero y arrancar, conviene caminar alrededor del automóvil una última vez y mirar esas cuatro piezas que casi nunca reciben atención.

Porque puedes llevar el tanque lleno, el motor perfectamente mantenido y la ruta completamente planificada, pero si tus llantas no están preparadas para el viaje, realmente tu automóvil tampoco lo está.